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Surat Fatiha

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Este es el breve capítulo de siete versículos que todo musulmán repite, como mínimo, diecisiete veces entre el día y la noche; el doble de esta cantidad si, además, realiza las oraciones aconsejables (sunan), y muchas mas veces si desea dirigirse a su Señor con las voluntarias (nawafil) que añade a las prescritas (faraid) y a las sunan. No se puede prescindir de la recitación de esta sura en la oración, esto es lo que se entiende del dicho del Profeta referido por 'Ubada ibn as-Samet y que esta incluido en las dos principales obras que contienen los dichos del Profeta, según el cual, el Mensajero de Dios dijo: "No cumple la oración quien no recite durante ella la primera sura del Libro".

 

Efectivamente, en esta sura se encuentran concentradas las grandes generalidades de la mentalidad islámica, el conjunto de conceptos que determinan la especial visión que de la existencia tiene el musulmán y que rigen su sensibilidad.

 

Todo esto nos revela parte de la sabiduría que existe en su elección para ser repetida al comienzo de cada serie de plegarias (rac'a) que constituyen una oración y la razón por la sura durante su ejecución.

 

• En el nombre de Allah, el Misericordioso, el Compasivo.

 

• La alabanza es para Allah, el Señor de los mundos.

 

• El Misericordioso, el Compasivo,

 

• el Rey del Día de la Recompensa.

 

• ¡Sólo a Ti adoramos!, ¡Sólo a Ti pedimos ayuda!.

 

• ¡Guíanos por el sendero recto,

 

• el sendero de aquellos a los que has colmado con tus beneficios, no el de aquellos que son objeto de tu ira, ni el de los que están en el error!.

 

TRANSCRIPCION

 

Bismil - lahir - rahmanir - rahim (1)

 

al - hamdu lil - lahi rabbil - alamin (2)

 

ar - rahmanir - rahim (3)

 

maliqui yawmid - din (4)

 

iyyaca na'budu wa iyyaca nasta ' in (5)

 

ihdinas - siratal - mustakim (6)

 

siratal - ladzina an ' amta ' alayhim

 

ghayril - maghdubi 'alayhim wa lad - dal 'lin (7)

 

¿Cuál es el principio de la Sura?: "En el nombre de Allah…". Comenzar con el nombre de Allah, esta es la cortesía que Allah enseñó a su Enviado, la paz y las bendiciones de Dios sean con él, al iniciar la revelación del Corán: "¡Lee, en el nombre de tu Señor!". Y esto concuerda plenamente con ese gran fundamento islámico según el cual Allah es "el Primero y el Último, el Aparente y el Invisible". Él, alabado sea, es el Existente real del que depende de la existencia de todo ser y Él inicia todo lo que tiene principio, en su nombre se efectúa todo comienzo y en su nombre se realiza todo movimiento y toda actividad.

 

Y sus nombres o atributos, alabado sea, como "el Misericordioso, el Compasivo", abarcan e integran todas las significaciones, todas las circunstancias de la misericordia. Él es el Único que puede reunir en su esencia todos los atributos y Él es el Único que puede ser llamado Rahman (Misericordioso) a causa del alcance extraordinario del significado de este nombre. Nadie que no sea Él puede abarcar estos dos nombres. Estos dos atributos reunidos contienen y profundizan en todas las significaciones, en todas las circunstancias, en todas las implicaciones de la misericordia.

 

Así, la Sura comienza recordando el nombre de Allah y todo lo que esto sugiere, como la unicidad absoluta, y esto significa la primera de las bases sobre las que se asienta la visión musulmana de la existencia.

 

Por otro lado, la profundización en todos los significados de la misericordia, en sus circunstancias e implicaciones, gracias a la mención de los atributos juntos, Rahman y Rahim, representa la segunda base de esa visión, al manifestar cual es la autentica relación existente entre Dios y la totalidad de su creación.

 

Y tras comenzar con el nombre de Allah, el Misericordioso, el Compasivo, inmediatamente viene el dirigirse a Allah con la alabanza y describirle con el señorío absoluto sobre todos los mundos: "La alabanza es para Allah, el Señor de los mundos…".

 

Alabar a Dios, esta es la reacción que nace del corazón dotado de confianza plena en Allah, con sólo el recuerdo de su nombre. La propia existencia de ese corazón no es otra cosa que una emanación de la gracia divina en cada mirada, en cada momento, a cada paso los beneficios de Dios se perpetúan unos tras otros, se acumulan, colman a todas las criaturas y entre ellas, especialmente, al hombre.

 

Por ello, el dirigirse a Allah con alabanza es otra de las bases, otro de los fundamentos del Islam: "Y Él es Allah, no hay otra divinidad mas que Él, y a Él pertenece la alabanza al principio y al final".

 

El favor y el beneficio de Dios, alabado sea, alcanzan todos los extremos. Si el ser humano se dirige a Él exclamando: "La alabanza es para Allah", este simple acto tiene ante Allah un inmenso valor que supera todas las medidas y por ello será recompensado su siervo. En el libro de los dichos y hechos del Profeta, (Sunna), según relata Ibn 'Umar, el Mensajero de Allah contó cierta vez que uno de los siervos de Allah dijo: "¡Oh, Señor!, A Ti pertenece la alabanza tal como corresponde a la Majestad de tu Faz y a la Grandiosidad de tu Poder". Los ángeles se sintieron rebosados y no supieron como anotarlo. Entonces se dirigieron a Allah y dijeron: "¡Oh, Señor nuestro!, Uno de tus siervos ha dicho palabras que no hemos sabido escribir". Y dijo Allah, siendo el mejor conocedor de las palabras de su siervo, "¿y que ha dicho mi siervo?". Contestaron: "Ha dicho: "¡Oh, Señor! A Ti pertenece la alabanza tal como corresponde a la Majestad de tu Faz y a la Grandiosidad de tu Poder". Entonces dijo Allah: "Escribidlo tal como lo ha pronunciado y cuando se encuentre conmigo, entonces Yo le recompensare por ello".

 

Es así como el dirigirse a Allah con alabanza simboliza el sentimiento del ser humano que, poseído por su confianza en Dios, se estremece ante el recuerdo de su nombre.

 

En cuanto a la segunda parte del capitulo (Fatiha), es verdaderamente otra de las bases fundamentales que dan forma definitiva a la visión que el Islam ofrece sobre la existencia. "Rububiyyah", calidad de "Rabb", (Señor), señorío completo y absoluto de Allah sobre todas las cosas. Rabb es el que posee algo y lo administra. En árabe se designa con esta palabra a quien, con sabiduría, procura el bien y la conservación de su posesión. La regulación y administración de Allah para la corrección y formación adecuada de lo creado abarca a todos los mundos, es decir, a todas las criaturas. Allah, alabado sea, no ha creado los mundos para después abandonarlos a su deriva. Al contrario, Él actúa en el universo empujándolo a la corrección, lo cuida, le va dando la forma apropiada. Todos los mundos, todas las criaturas son abarcadas por la protección de Allah, Señor único de los mundos. La relación entre el Creador y las criaturas es constante, continua, realizada en cada momento y en toda circunstancia.

 

El reconocimiento del Señorío absoluto establece la diferencia entre la concepción clara de la unicidad de Dios, completo y perfecto, y a la confusión que nace cuando no se concibe esta realidad en su aspecto más tajante y radical, porque ha sido frecuente que el hombre haya reunido el reconocimiento de que Allah ha dado la existencia al universo y, a la vez, la creencia de una pluralidad de "señores" que gobernarían la vida. Esto puede parecer ridículo, pero ha sido y es una realidad en la vida del hombre.

 

El sagrado Corán nos habla de unos asociadores que, refiriéndose a los diversos "señores" afirmaban: "No les adoramos sino para que nos acerquen a Allah". Y también nos cuenta como los adeptos del Libro tomaron a sus sabios y a sus sacerdotes como "señores" aparte de Allah. Los actos de fe o ritos religiosos entre los paganos están rebosantes de "señores" diferentes, "señores pequeños al lado del gran dios", tal como ellos pretenden.

 

El reconocimiento absoluto de Allah como abarcante de todo lo que existe, tal como es expresado en esta Sura, implica necesariamente que el hombre debe dirigirse, junto a todas las criaturas y a todos los mundos, a un Señor Unico, al que se contempla en su absoluto poder, rechazando de esta manera el pesado yugo impuesto por los diferentes "señores", eliminando la pesada carga que han ido acumulando sobre las espaldas del ser humano, apartando la fatiga, la inquietud y la perturbación que supone el encontrarse entre diversos poderes. Es entonces cuando el hombre encuentra el sosiego y la seguridad en la protección constante de Allah y en su Señorío establecido.

 

A la llegada del Islam, las doctrinas, los conceptos, las filosofías, los mitos, las ilusiones y los pensamientos, se amontonaban en la conciencia humana como escombros y desechos. Se mezclaba lo verdadero con lo falso, lo valido con lo vano, la realidad con la superstición, la filosofía con el mito y la conciencia humana, mientras tanto, aplastada bajo ese inmenso peso, caminaba a tientas y se debatía entre las tinieblas.

 

Ese vagabundeo, sin rumbo, de la humanidad que no conducía a la estabilidad, ni a la certeza ni a la paz, era el fruto de su concepto de lo divino y sus cualidades, de su relación con su creación y, en particular, con el hombre. Era imposible que la humanidad, que la conciencia humana, encontrase la seguridad en su relación con el universo, en su relación consigo mismo, en su método vital, antes de hallar la estabilidad y el reposo en su concepción de lo divino y de sus atributos, antes de llegar en esta cuestión a la evidencia cierta, despejando así la niebla, deteniendo el vagar inútil, deshaciéndose definitivamente de los escombros innecesarios. El hombre es incapaz de percibir la necesidad de esa estabilidad hasta que no se da cuenta de la importancia y abundancia de esos desechos, de la nefasta influencia de esas doctrinas, de esos conceptos, mitos, filosofías, ilusiones y pensamientos que el Islam encontró enfrentados entre sí dentro de la conciencia humana. Por ello, no es de extrañar que, la primera tarea que se impusiese el Islam a sí mismo fuera la de despejar esas ideas, de establecer claramente el concepto de la unicidad de Dios y demás atributos, de sus relaciones con lo creado y las relaciones de lo creado con Él, de manera que la conciencia humana pudiera descubrir donde asentarse con seguridad, de manera total y con certeza plena.

 

Por todo esto, la unicidad perfecta, pura, abstraída y completa, en la que no hay mezclado ningún ingrediente extraño, es el fundamento y la base esencial de la visión de la existencia que el Islam enseña y comunica a la conciencia humana; se rechaza cualquier engaño, cualquier fraude con el que se quiera empañar la realidad transparente de la unicidad; con él desaparece toda oscuridad, toda ambigüedad, y se establece su pureza en la conciencia, con fuerza, haciendo imposible que alguna ilusión o pasión pueda llegar a él, mezclándose con su realidad. Y con idéntica seguridad ha hablado el Islam de los atributos de Allah y, en especial, de todo lo que se refiere y relaciona con su Señorío absoluto, pues es en esta cuestión donde más peligrosa es la influencia de los "escombros", pues es en este tema esencial donde pretendían actuar las doctrinas, las filosofías, las ilusiones y los mitos, porque todo lo referente a esta cuestión es extraordinariamente importante y de enormes consecuencias para la conciencia del ser humano y para su comportamiento en el mundo.

 

Realmente, la belleza de este principio musulmán, su perfección y armonía, y la sencillez con que se presenta esa gran realidad a la que se refiere… todo esto no se hace patente al corazón y a la razón mas que cuando se tiene en cuenta y se analizan esos "escombros" de doctrinas, conceptos y mitos a los que se enfrento. Solo entonces se percibe a toda su extensión que Islam es misericordia, por su belleza, su sencillez, su claridad, su armonía, su proximidad intima y por su respuesta directa a la profunda naturaleza primigenia del ser humano.

 

"El Misericordioso, El Compasivo"; esta descripción, con la que se abarcan todos los significados, todas las circunstancias y todas las implicaciones de la misericordia, se repite aquí, en lo interno de la Sura, en una frase independiente, para corroborar firmemente cual es la característica sobresaliente de ese Señorío integral, para confirmar cual es la relación constante entre el Señor y sus siervos, entre el Creador y sus criaturas…, es el lazo de la misericordia y la consideración. Es el lazo que nace de la confianza y tiene como fruto el amor. Y la alabanza es la respuesta primigeniamente natural ante la contemplación de esa misericordia penetrante y abordadora.

 

Allah, Señor en Islam, no se dedica a rechazar y expulsar a sus siervos como hacían con sus enemigos los dioses del Olimpo durante sus diversiones o disputas, tal y como imaginaban a los mitos griegos; ni prepara contra ellos estratagemas para vengarse, como pretenden hacer creer las manipuladas narraciones del Antiguo Testamento, poniendo como un ejemplo, de los muchos que hay, la historia de la Torre de Babel.

 

"El Señor del Día de la Recompensa", aquí nos encontramos con otro de los pilares de profunda influencia para la vida humana; la fe en el Día del Juicio. Señor; máximo grado en cuanto a dominio y supremacía. Día del Juicio, Día de la Recompensa en la ultima vida.

 

Muchas veces ha reconocido el hombre la Divinidad de Allah y su creación del cosmos, pero no ha tenido fe en el Día de la Recompensa. El Corán dice sobre alguno de estos "Y si se les pregunta: ¿Quién ha creado los cielos y la tierra?, Ciertamente dirán: "Allah", y después dice de ellos en otro lugar: "Dicen los que no confían: ¡Esto es algo extraordinario, que cuando muramos y seamos polvo, regresaremos a la vida!. ¡Eso es imposible…!".

 

La fe en el Día de la Recompensa es, sin duda, uno de los grandes puntos de la doctrina islámica y posee una importante función, ya que hace que el pensamiento y la sensibilidad del hombre tengan en cuenta la otra existencia que sucede a la vida terrenal de tal manera que ya no tienen que ser tiranizados por las necesidades de la tierra; es entonces cuando es posible elevarse sobre esas necesidades. Ya no son víctimas de la inquietud por conseguir rápidamente el fruto de sus acciones durante sus cortas y limitadas vidas y en el espacio acotado de la tierra. Ahora es cuando pueden actuar por Allah y desear el fruto de la acción allí donde Él lo disponga, bien durante la vida en la tierra, bien en la ultima morada, para ellos es lo mismo, se sienten en paz con Allah, tienen confianza en el bien, pueden insistir en la verdad, sus espíritus son grandes y actúan con tolerancia y empujados por la seguridad… con esta perspectiva es posible considerar esta fe como una realidad que establece la diferencia entre una vida de adoración de las pasiones y los deseos, y una vida en libertad digna de seres humanos, entre una existencia de continua humillación a los conceptos de la tierra, a sus valores, sus criterios y una existencia ajustada a los valores divinos que enseñan a elevarse sobre la lógica de la ignorancia. Esta fe permite a la humanidad realizar su sublime realidad, la que Dios, nuestro Señor, desea para sus siervos.

 

No puede ser correcta la vida humana de acuerdo al método vital del Islam mientras no exista esta verdad de una manera afianzada en la conciencia de los hombres que lo siguen, mientras sus corazones no encuentren la paz en que su destino sobre la tierra no es su suerte definitiva, mientras no tenga seguridad todo individuo en que su existencia tendra una segunda etapa para la que merece prepararse y esforzarse, para la que es necesario sacrificarse apoyando la verdad y el bien, sabiendo siempre que encontrara satisfacción por todo ello en aquella vida.

 

"Solo a Ti adoramos", y "Solo a Ti pedimos ayuda". Y esta es la consecuencia, el fruto de la profundización en los significados de los versículos anteriores en esta Sura; no se sirve mas que a Dios, no se busca apoyo sino en Él.

 

Aquí hay también una bifurcación de caminos en el sentido de la vida; por un lado, la liberación absoluta antes toda servidumbre y, por otro lado, el sometimiento absoluto al Creador por parte de sus siervos. En este versículo se está proclamando el nacimiento de la total liberación del ser humano, de su liberación completa e integral. Su liberación de las ilusiones, de la esclavitud de los sistemas, la destrucción de la servidumbre a las circunstancias, cuando solo Dios es el Adorado, cuando solo en El se busca refugio, es entonces cuando la conciencia humana se libera del sometimiento a los sistemas, a las organizaciones, a las circunstancias, a los individuos y a las pasiones, como se libera de la misma manera de humillarse frente a los mitos y a las supersticiones.

 

Y aquí se impone hacer una breve referencia a la postura del musulmán ante las fuerzas naturales.

 

En cuanto a las fuerzas humanas, con relación al musulmán, pueden pertenecer a dos grupos contrarios; una fuerza que este de acuerdo con lo justo, confiadora en Dios, seguidora de su método. En este caso debe apoyarla, solidarizarse con ella, actuar a su lado. Y otra fuerza contraria, sin ninguna relación con Dios, no seguidora de su enseñanza. Inevitablemente existirán choques y enfrentamientos. Al musulmán no debe importarle la aparente grandeza y potencia de esa fuerza porque con su aberración se ha separado de la Fuente original -la Fuerza de Allah- por lo que se pierde constantemente energía real y el sustento necesario para mantener viva su potencia, de la misma manera que cuando una masa se separa de una estrella que no puede tardar en enfriarse, en perder su luz y su brillo, y apagarse su fuego por muy vivo que parezca en principio, mientras que cualquier partícula que haya permanecido adherida a la estrella mantendrá su brillo, su calor y su luz.

 

En cuanto a las fuerzas de la naturaleza, la postura del musulmán es la del reconocimiento y la amistad y no una postura de miedo y desconfianza. Ambas fuerzas, la humana y la natural nacen de una única voluntad, la de Dios, reguladas por su Ley, armónicas y solidarias en su movimiento y en su objetivo.

 

El Islam revela al musulmán que Allah, Señor de los mundos, ha dado forma a esas dos fuerzas para que entre ellas exista armonía y solidaridad, y no hay forma de ganar esa amistad y afirmarla mas que la meditación en ella, el conocimiento y la comunicación, hasta que el hombre pueda, acompañándose de esa fuerza natural, dirigirse a Allah, Señor de los mundos. Y si las fuerzas naturales parecen dañarles a veces, esto ocurre mas porque el hombre no ha reflexionado sobre ellas y no conoce la Ley que las conduce y guía.

 

Los occidentales, herederos de la ignorancia romana, acostumbran a utilizar una frase para referirse a su relación con las fuerzas naturales: "el dominio de la naturaleza". Para los occidentales es necesario conquistar y dominar la naturaleza. En esta expresión aparece clara la mentalidad de la ignorancia, carente de comunicación con Dios y con el espíritu del universo que, con esa Ley, responde y reacciona ante Dios.

 

Pero, el musulmán, cuyo corazón esta en comunicación con Dios, el Misericordioso, el Compasivo, en comunicación con el espíritu de la creación que responde y reacciona ante Dios, Señor de los mundos, confía en que es posible otra relación aparte de la del dominio y de la violencia. Sabe que Dios es el Formador de todas esas fuerzas. Él las ha creado todas de acuerdo a una única Ley, y las ha dispuesto para el hombre al que ha facilitado el conocimiento de sus secretos y el descubrimiento de las reglas que las administran, y el hombre debe agradecer a Dios todo lo que Él le ha preparado. Es Allah el que ha dispuesto esas fuerzas para el hombre y no el hombre el que las domina.

 

Con esta percepción de las cosas, las ilusiones ya no se pueden apoderar dl sentido del hombre en relación a las fuerzas naturales. Frente a ellas ya no tendra más temores porque confía únicamente en Allah, sólo a Él adora, solo de El espera ayuda y todas las obras universales son obra de su Señor; en ellas medita y con ellas intima, busca sus secretos y ellas le ofrecen su ayuda y le muestran sus misterios. ¡Que bellas son las palabras del Mensajero de Dios, la paz y las bendiciones de Dios sean con él, cuando dijo, refiriéndose a la montaña de Uhud: "Esta es la montaña que nos ama y a la que amamos"!. Son palabras que revelan confianza, intimidad y reciprocidad con la naturaleza, son palabras que merecen ser metidas profundamente porque sugieren grandes pensamientos.

 

Después de una referencia generalizada a los principales pilares que conforman la visión musulmana de la exigencia, después de expresarse la necesidad de dirigirse únicamente a Allah con adoración y para buscar en Él la ayuda, viene la practica de todo esto haciendo una petición a Dios, realizándola de una manera conforme a la atmósfera generalizadora de la Sura y a su naturaleza: "¡Guíanos por el sendero recto, el sendero de aquellos a los que has colmado con tus beneficios, no el de aquellos que son objeto de tu ira, ni el de los que están en el error!". "¡Permítenos conocer el camino correcto que conduce a Ti!". "¡Y permítenos después la rectitud en él!". Porque ambos, el conocimiento y la rectitud son fruto de la dirección de Dios, de su protección y de su misericordia. El acto de dirigirse a Él con estas palabras es el resultado de la confianza ya que Él es el Único capaz de responder a ellas. Y encontrar el auténtico sendero es lo mas importante de todo aquello que un musulmán puede solicitar de su Señor y esperar para ello su ayuda. Que Allah conduzca a su siervo por el sendero recto es la seguridad de que encontrara la felicidad en el mundo y en la otra vida.

 

Este ruego no tiene otra realidad que la de que Allah guíe la naturaleza primigenia del ser humano al reconocimiento de la Ley de Allah, a la ley real que armoniza el movimiento del hombre y el movimiento de toda la existencia y los dirige a un fin único, hacia Allah, el Señor de todos los mundos.

 

Y esta es la Sura escogida para ser repetida en cada oración, la Sura sin la cual queda invalidado este importante acto de adoración a Allah, el Único. A pesar de la brevedad, contiene todas estas nociones fundamentales que determinan la visión universal del musulmán y también su sensibilidad frente a la existencia.

 

Está incluido en el "Sahih de Muslim", un hadiz referido por Abu Hurayra, según el cual, el Mensajero de Allah, la paz y las bendiciones de Dios sean con él, dijo: "Dice Allah, alabado sea, "He dividido la oración entre mi siervo y Yo, en dos mitades, una mitad para Mí y otra mitad para mi siervo, y para mi siervo es lo que pide".

 

Cuando el siervo dice: "La alabanza es para Allah, el Señor de los mundos", Allah dice: "El Misericordioso, El Compasivo", Allah dice: "Mi siervo me ha elogiado". Y cuando el siervo dice: "El Rey del Día de la Recompensa", Allah dice: "Esto lo compartimos mi siervo y Yo, y para mi siervo sea lo que pida". Y cuando el siervo dice: "Guíanos por el sendero recto, el sendero de aquellos a los que has colmado con tus beneficios, no el de aquellos que son objeto de tu ira, ni el de los que están en el error", Alla dice: "Esto es para mi siervo y para mi siervo es lo que pide".

 

Tal vez, este hadiz, además de todo lo que ya hemos mencionado sirva para sugerirnos aun más todos los secretos que hay en su elección para ser la Sura que repita todo musulmán diecisiete veces al día, o muchas mas veces, al ponerse de pie para invocar a su Señor en la oración.

 

Sacado de Islamhispania

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